Por primera vez desde julio de 2021, la inflación anual en Chile se desplomó por debajo del 3%, alcanzando un 2,8% en enero de 2026. El dato, publicado el viernes 6 de febrero por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), confirma lo que muchos economistas sospechaban: la economía chilena entró a 2026 con un control inflacionario más sólido que en cualquier momento de la última década. La variación mensual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) fue de 0,4%, exactamente en línea con las expectativas del mercado, y acumula apenas 0,4% en lo que va del año. Un número aparentemente pequeño, pero que tiene el peso de un giro histórico.
Un retorno a la normalidad después del caos
Recordemos que en 2022, Chile vivió su peor episodio inflacionario en décadas: la inflación anual tocó el 14,1%. Fue un año de shock: gasolina a más de $1.300 el litro, alimentos que subían cada semana, y servicios que se volvieron impredecibles. Desde entonces, el Banco Central de Chile ha mantenido una política monetaria firme, subiendo tasas, reduciendo liquidez y, sobre todo, ganando credibilidad. Hoy, con la inflación por debajo de su meta del 3%, ese esfuerzo empieza a dar frutos visibles. No es solo un número. Es tranquilidad para las familias, para las pymes que planifican inversiones, para los trabajadores que negocian salarios.
Quién subió y quién bajó: el mapa de precios
Si pensabas que todo subía, te equivocas. En enero, diez de las trece divisiones del IPC registraron alzas, pero tres cayeron —y una de ellas, transporte, lo hizo con fuerza: -1,3%. Eso equivalió a una reducción de 0,164 puntos porcentuales en el índice total. ¿La razón? Gasolina, que cayó 3,3%, y los pasajes aéreos, que también se abarataron. No es casualidad: la caída en los precios del petróleo y la menor demanda de viajes internacionales tras la temporada de verano ayudaron. Es raro ver un mes donde el transporte baja y no hay una crisis económica de fondo. Aquí, simplemente, el mercado se ajustó.
En el otro extremo, las presiones vinieron de donde menos se esperaba: bebidas alcohólicas y tabaco, que subieron 3,1%. Dentro de esa categoría, los vinos lideraron: +7,2% en un solo mes. Sí, leíste bien. Una botella de vino chileno que costaba $15.000 en diciembre, en enero ya valía $16.080. ¿Por qué? Cosechas más pequeñas, aumento en costos de embotellado, y quizás un consumo más selectivo tras la pandemia. También subió la salud: +1,2%, impulsada por servicios dentales y medicamentos recetados. Y no olvidemos los computadores: +8% mensual, lo que sugiere que las nuevas generaciones de laptops y tablets están entrando al mercado con precios más altos.
El contexto que nadie habla: el año que pasó
En 2025, Chile tuvo un año de ajuste silencioso. Las subas en la electricidad, que habían sido un dolor de cabeza en 2023 y 2024, se estabilizaron. El consumo interno se desaceleró sin caer en la recesión. Los salarios crecieron, pero no tanto como los precios, lo que llevó a una reestructuración natural del gasto. Las empresas, por su parte, aprendieron a operar con menos margen, y muchas redujeron inventarios en lugar de subir precios. El INE no lo dice, pero los datos lo confirman: la inflación no bajó por un milagro, sino por una transformación lenta, dolorosa, pero efectiva.
El Banco Central lo dijo en su último Informe de Política Monetaria: la inflación anclada en el 2%-4% ya no es una meta, es una realidad. Y eso cambia todo. Antes, los bancos pedían tasas más altas por miedo a la inflación. Hoy, pueden ofrecer créditos más accesibles. Antes, las familias posponían compras. Hoy, empiezan a planificar vacaciones, renovar electrodomésticos, incluso pensar en una casa.
¿Qué viene ahora?
El mercado ya no pregunta si la inflación va a bajar. Ahora pregunta: ¿cuánto más? Algunos analistas creen que podría tocar el 2,5% en junio. Otros advierten que los vinos y los medicamentos podrían volver a presionar en primavera. Pero lo cierto es que el rumbo está establecido. La economía chilena no solo se recuperó de la crisis, sino que está redefiniendo su equilibrio. El desafío ahora no es controlar precios, sino mantener el crecimiento sin reactivar la inflación. Y eso, en una economía abierta como la nuestra, es más difícil de lo que parece.
¿Y qué pasa con los salarios?
La buena noticia es que, por primera vez en años, el poder adquisitivo dejó de caer. Según el INE, los salarios reales crecieron 0,6% en enero. No es mucho, pero es el primer dato positivo desde 2020. Si esta tendencia se mantiene, 2026 podría ser el año en que los trabajadores chilenos recuperan, por fin, el terreno perdido en la pandemia.
Frequently Asked Questions
¿Por qué es tan importante que la inflación baje por debajo del 3%?
Porque es la meta oficial del Banco Central de Chile. Mantener la inflación dentro del rango 2%-4% es clave para la estabilidad económica: permite a las empresas fijar precios con certeza, a los trabajadores negociar salarios sin miedo a que el dinero pierda valor, y a los ahorradores proteger sus ahorros. Bajar por debajo del 3% confirma que la política monetaria está funcionando, y que la confianza en la moneda se está recuperando.
¿Qué significa que el IPC de enero fuera de 0,4% y no de 0%?
Que la economía sigue creciendo, pero sin presiones excesivas. Un 0% sería ideal en teoría, pero en la práctica, una inflación leve (entre 1% y 3%) es saludable: estimula el consumo y la inversión sin generar burbujas. El 0,4% de enero indica que los precios suben, pero de forma controlada, casi imperceptible para la mayoría de las familias. Es un signo de madurez económica.
¿Fue un fenómeno temporal o hay una tendencia sostenida?
La tendencia es sostenida. La inflación anual lleva siete meses consecutivos por debajo del 4%, y seis por debajo del 3%. En enero de 2025, estaba en 4,9%. En enero de 2026, en 2,8%. Eso no es azar. Es el resultado de políticas monetarias consistentes, menor presión en los costos energéticos, y una caída en la demanda de ciertos bienes importados. Aunque aún hay riesgos (como los vinos o los medicamentos), el eje de la inflación ya no es la economía, sino factores específicos y manejables.
¿Cómo afecta esto a los préstamos y hipotecas?
Directamente. Con la inflación bajo control, el Banco Central tiene margen para mantener tasas de interés estables, o incluso bajarlas en el segundo semestre. Los créditos hipotecarios ya están más baratos que en 2024, y los préstamos personales están volviendo a ser accesibles. Para quienes pensaban en comprar una casa o renovar su auto, 2026 podría ser el mejor año en una década. La confianza vuelve, y con ella, el gasto.